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La Luna Entre La Niebla

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La cazadora de copos de nieve

domingo, 1 de febrero de 2009

Publicado por Mavros en 3:17  

Ella era alta y blanca como la suave luna de invierno, con ojos de hielo azul robado a los lagos congelados en las cumbres donde vivía aislada de todo. Sólo su cabello de oro reflejaba la breve luz de los cielos y daba esperanza a la calidez que anhelaba en la primavera venidera.

Durante las mañanas, mientras recordaba quién era y qué hacía en las altas cumbres siempre nevadas, se asomaba a la ventana con sus manos extendidas y dejaba que se posaran en ella los tímidos copos que la percibían allí, pero que no se atrevían a dirigirse a ella sino que se resignaban a ocupar su lugar en el suelo, entre todos los demás, dejando de ser uno para ser parte, tan minúscula fracción de un todo, que finalmente se vuelve nada. Un todo formado de infinitas nadas.

Los afortunados, los elegidos, quizá los valientes y osados, esos copos cazados eran sonrisa para ella, gracia y sentido, todo a un tiempo, mientras se fundían en la suave piel y entraban en su interior, ensanchando la risa de perlas brillantes.

No había nada más, y nada más era necesario. Su oficio existía desde siempre y no necesitaba ser entendido ni aprobado. Ella estaba allí como los cazadores de estrellas estaban en las alturas, y recogían destellos y brillos, y los rescataban de la oscuridad un momento, sólo a unos pocos, y nada más que eso. Luego volvía a entrar en la casa, satisfecha y colmada, y cerraba la ventana, con sonido a escarcha remolona.

Más allá de eso, nadie sabe qué sucede, ni tampoco importa. Ella cumple su función como la lluvia que es escanciada, como el viento que se insufla en la tierra. No es menos importante porque nadie lo note, eso puedo asegurarlo, y si lo refiero es, quizá, para que cada uno opine lo que le apetezca, que somos muy libres de juzgar lo que desconocemos, y lo hacemos mucho y bien. Ojalá cedamos, o eso espero, a la tentación de dejarla libre de culpa, para que todas las mañanas, mientras recuerda quién es y qué hace allí, abra la ventana y extienda sus suaves manos blancas.

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